La llegada a México por la noche, siempre es un momento espectacular,
inquietante... y lleno de emotividad.
La inmesidad y locura de ésta gran ciudad que alberga los recuerdos de mi infancia,
un universo de luces que no tiene fin...
que contrasta con las siluetas en negro de los cerros,
únicas referencias en éste infinito océano de estrellas...
Siempre me recuerda un poco a Blade Runner...
es todo demasiado irreal...
Cómo logra sobrevivir éste gigante???
Esta mega-urbe...
El avión que va descendiendo poco a poco, tambaleante...
los nervios de los pasajeros...
la felicidad de reencontrar a familiares y amigos,
de redescubrirlos y redescubrir sus vidas...
También darme cuenta, y de golpe, de todo el tiempo que ha pasado...
de los ires y venires de la vida...
y de cómo hemos cambiado todos...
Viajar es siempre algo mágico.
Dejar tu momentánea realidad, y sustituírla por otra.
Como si cambiaras de escenario, de película, de planeta...
Extraña sensación...
es como si todo lo que dejaras atrás,
amigos, personas, calles... no hubieran sido más que un sueño... y ahora estás en otro sueño, que te parece más real...
La vida es inmensamente rica y está vibrando en todas partes.
Tomar consciencia de ello es comprender lo pequeños que somos...